y vuelven sus tacos a sonar cuando entran
y vuelve él a abrirle la puerta
y a llenarse los ojos de rush
y brillos y pelo suelto y marrón
a cargar su nariz con perfume barato
y a drogar sus soledades con ese escote siliconado
otra vez
copas, sirvió dos
cigarrillos, fumó cinco
billetes, fueron tres de de 100
orgasmos, tuvo
ella, no contó ninguno
-te amo
le soltó él
antes de abrirle otra vez la puerta
con culpa, se rió ella
-no seas pelotudo y llámame cuando quieras,
hasta ahora siguen siendo 300
Jota.
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