¿Cuál es la necesidad de producir ruidos histriónicos a las 7.30 de la mañana? ¿Por qué la gente vive haciendo ruidos? No entiendo eso. Como tantas otras cosas… claro. Siempre sucede entre las 7.30 y las 7.45 de la mañana en una cuadra de esta Capital Federal. La gente se aglomera en determinado lugar, sus autos comienzan a taparse los unos a los otros, todos hablan fuerte, todos están apurados por llegar a cumplir su rutina y comienza el festival. Pareciera que todos se ponen de acuerdo a la vez para apretar la palanca de la bocina de sus autos… El ruido es infernal… ¡Si aunque sea pudieran ponerse de acuerdo y tocar sus bocinas de a uno por vez! ¡O tal vez, después de tanto tiempo haciéndolo, podrían notar que el sonido que sale de esos vehículos no es armonioso! Nadie dice que no toquen la bocina, pero no de esa manera y todos a la vez! Ahora que lo pienso, tal vez sea contagioso. Claro. Tocar la bocina es contagioso. Por eso, ni bien se escucha una, comienzan todos a tocarla… como desaforados. Es como cuando los nenes tienen tos en el colegio. Basta con que uno tosa para que los 20 compañeros lo hagan. ¡Qué idiota! El tocar la bocina así es un vestigio de la niñez… Pero, ahí también está uno, que al igual que ellos, tiene que comenzar con su rutina. Uno que trata de mantener una calma aunque sea aparente. Uno que se acaba de levantar y está recién haciéndose a la idea de que tiene que trabajar todo el día para que a fin de mes no le alcance la plata ni para comprar 3 tomates. Uno que está fastidioso por tener que dedicar casi 12 horas de su día al trabajo que ya no disfruta, 6 horas diarias a dormir y donde, con suerte, le quedan 6 horas para vivir. Y ellos tocando la bocina… ¡Qué chamamé!
Sole Israel
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