domingo, 24 de enero de 2010

Limpieza

Comencemos por la palabra definida por el diccionario. LIMPIAR: quitar la suciedad o inmundicia de algo. Quitar imperfecciones o defectos. Hacer que un lugar quede libre de lo que es perjudicial para él. Según mi criterio, estas tres son las que más se acercan a lo que busco. Bien. A limpiar!
Antes que nada hay que tomar la decisión. Pasa un rato desde que lo pensás y pensás hasta que lo comenzás a realizar. No es fácil levantarse del sillón y buscar los artículos de limpieza, la escoba, el cubo. Y ni hablar de la lavandina, que siempre se cae donde no se tiene que caer. Es todo un esfuerzo levantarse. Pero definitivamente, hay que hacerlo. Si no, nos tapa la mugre. Genial, la decisión pasa a ser acción. Empieza la mañana de limpieza.
Primero agua caliente en el cubo. El calor hace que la mugre se desprenda más fácilmente. Algún que otro producto químico que ayude a lo que es el aflojamiento de la suciedad que ya está más que adherida a los lugares. Sobre todo a los rincones. Zócalos, esquinas. Ya estás en plena batalla. Arranco por la cocina… no sé por qué siempre empiezo por la cocina. Despejo todo el mueble, moviendo las cosas de un lugar a otro para pasar el antigrasa por debajo de todos los objetos. Friego, friego, friego. Uf, qué calor, cuánto esfuerzo. Miro el horno con incertidumbre. Siempre me hago un poco la tonta con el horno. Es que tiene mucha mucha grasa. Ahí se cocinan los platos más deliciosos… pero no, hoy lo voy a limpiar. Varillita por varillita. ¡Qué asco! La cocina ya está casi terminada. Una barrida al suelo para quitar pelusas y ala… a pasar la fregona por el suelo. Este es uno de los mejores momentos… ¡Qué rico olor! ¡Qué bien que se siente! Mmmmmmmm, me entusiasmo… es lindo tener la cocina limpia, resplandeciente. Bien, dejo que se seque y paso al living.
Acá lo principal es levantar las sillas, mover los muebles para que no estorben. Paso, una a una, las sillas a otro ambiente de la casa. Ya no hay obstáculos. Retiro el polvo que levita sobre el televisor, sobre los portarretratos. Qué todo caiga! Sí, todo cae al suelo. Blem y franela. Indispensables. Y comienza otra pequeña batalla. A pasar Blem por cada uno de los muebles. Hay un momento que me gusta mucho… apretás el piringundín del Blem para que caiga la sustancia sobre algún mueble y se forma esa mancha blanca y uniforme. Tomás la franela y distribuís “eso” por todo el mueble. Sí, ahora brilla… ¡qué bueno! Siempre me gustó pasar el Blem!!! Y mientras vas limpiando los muebles mirás de lejos las ventanas. Las mirás como con respeto. Los vidrios. Ya no podés hacerte la tonta. Hay que limpiar los vidrios también. Dicen que si los limpiás con papel de diario, no quedan marcas. Qué paradójico. Justamente el papel de diario es uno de los elementos que más suciedad te deja en las manos cuando lo tocás. Sin embargo, para limpiar vidrios va muy bien. Busco un poco de papel de diario, un chorrito de limpia vidrios y ala… ahora sí puede entrar el rayo del sol. Ya no hay ninguna película de polvo que no permita la entrada. El living está listo. Ya huele a flores, también.
Y llega lo peor, lo peor de todo. El baño. Lo mirás de afuera, casi con el mismo desprecio que has mirado antes a los vidrios. Y te llama, con cara triste. El baño te llama y te pide por favor que lo limpies rigurosamente. Sabés que ésta será una de las peores batallas del día. Hay una mezcla de olores poco armoniosa. Y si a eso le agregamos los pelos que andan dando vueltas por todos lados es más que desagradable. Tomás coraje justo justo antes de cruzar la puerta y entrás. Ya estás dentro de ese lugar tan privado e íntimo. El baño es donde descargamos toda la mierda. Literal. Respirás hondo. Este paso es muy importante para continuar. Y así, sin pensarlo demasiado, ya tenés la mano dentro del inodoro, a veces con guantes, otras veces, desnuda. Y dale que te dale, despegando cada partícula. Bien, el inodoro está listo. Pasemos a la bañadera. Mucho mucho material químico. Aleluya al Cif!!! Viva el Cif, gran invento de la humanidad científica!!! Abrís la canilla y te zambullís en el mundo blanco. Bailás al son del agua, cantando y salpicando gotitas de agua para todos lados. Con la esponja de limpieza en la mano vas acariciando cada partecita de ese lugar que tanto conoce de ti, el rincón de la desnudez absoluta. ¿quién no se ha montado películas dentro de la bañadera de su casa? Pero esta es la hora de dejar el habitáculo libre de fantasmas… Ya casi está listo! Todavía estas dentro y ya podés sentir que el baño está resplandeciente. Sólo queda el espejo. Sí, ese que te refleja tal y cual sos. Ese que te enfrenta a tí mismo, ese que te grita que te aceptes, que a pesar de todo, aún podés respirar. Lo limpiás con cuidado, siempre está la superstición de los siete años dando vueltas. Sí, el espejo ya está listo para seguir reflejándote. Salís del baño.
Estás orgullosa de ti misma. Tu casa está limpia. ¡Qué importante es vivir limpio de impurezas innecesarias! ¡Qué bien que se siente, pero que cansada que estás! No importa, el esfuerzo vale la pena. Ahora sí que te gusta vivir ahí adentro. Ahora sí estás lista para invitar a otros a entrar y poder compartir.
Sí señores, vengan a conocer mi casa, ahora huele a flores!

Sole Israel

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy en eso!!!! Sole, Estoy en eso!!limpiando mi casa interior. CEI