Son esos días callados en donde no hay nada que decir porque el silencio que se escucha salir de tu boca es lo más hermoso que se puede oír. Y cerca tuyo hablan todos, no te molesta, los escuchás, pero a la vez, no los estás escuchando. Es como la música del lugar... las voces de todos. Hay voces tristes, alegres, nostálgicas, llenas de felicidad. Miles de voces. Y todas ellas encajan perfectamente en este día. Es el día del silencio. Es que no hay nada que decir. Nada de lo que digas cambiará nada. Escuchás. A veces atento, otras disperso. Pero estás ahí. Y no hablás. Pero estás, sos parte del paisaje, de la naturaleza. Solamente observás. Y te encanta hacerlo. En cada persona, en cada mano, en cada mirada... hay una historia. Y todos ellos te hablan. Por momentos a solas, por otros, juntos. Y sin embargo no estás. Vos no notás tu presencia, y ellos tampoco. Pero si no estuvieras no sería lo mismo. Ellos lo notarían. Vos también. Y pensás en los otros. En todos y cada uno. Los mirás, atentamente, sigilosamente, a escondidas. Y volás más allá. En blanco. Sin recuerdos. Sintiéndote ajeno a cada palabra, a cada sonido. Pero formando parte de todo y de todos. Y ellos comienzan a formar parte de vos. Unos más de cerca, otros desde lejos. Pero son, todos son y vos también sos. Siempre en el mismo estado. Y no hablás. Disimulás. Gol. Volvés por momentos sólo para aparentar que siempre estuviste ahí. Nunca más los vas a volver a ver. Y ellos a vos tampoco. Pero los querés sólo por el hecho de estar existiendo en este momento y formar parte de este lugar. A partir de ahora sus historias van a congeniar, teniendo ya algo vivido en común. Ya nada volverá a ser como antes.
Sole Israel
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1 comentario:
No sé; Es que no me gusta mucho la gente...
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